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lunes, 11 de enero de 2010

Praga, la más hermosa


Después de dejar el 2009 de una manera poco afortunada he comenzado el 2010 con nuevos aires, aunque muy fríos. La hermosura de la ciudad ha compensado sobradamente el esfuerzo de tener que ir abrigada hasta las pestañas. Y de regalo he podido contemplar Praga con 20 centímetros de nieve ¡espectacular e inolvidable!.
Pasear por esta bella ciudad es como hacerlo por un cuento de magia. Cada edificio es superado en belleza por el siguiente y sus calles te conducen siempre a alguna plazuela con encanto. También a grandes plazas como la de
Wenceslao (Václavské námêstí) o la del ayuntamiento, donde cada hora la gente se agolpa para ver desfilar a los 12 apóstoles en el archifamoso reloj astronómico medieval.
Qué decir del bello puente de
Carlos (Karluv most) que comunica la ciudad vieja (Staré Mesto) con la pequeña (Malá Strana). Allí y aún a pesar del intenso frío, pintores, turistas y músicos se entremezclan en un conjunto armónico que dan ese aire de vida intensa que siempre tiene este puente.
En la ciudad pequeña se levanta el llamado castillo, que no responde a un castillo tal y como lo entendemos en España, sino a un conjunto de edificaciones que albergan hoy en dia estamentos oficiales y que sirvieron de residencia a la realeza a lo largo de la historia. En mitad, imponente y amenazante con su estilo gótico, se alza la catedral de San Vito. Me gustaron mucho los signos del zodiaco que presenta en la puerta de uno de sus laterales.
Más allá y custodiando un árbol de Navidad encontré a un soldado a la intemperie aguantando impertérrito, además del frío a las hordas de turistas que se hacían fotos junto a él.
El
Callejón de oro que recuerda al de Harry Potter y donde sus minicasitas albergan tiendecitas artesanas de marionetas y souvenirs varios que te dejan el bolsillo tiritando. Imagino que serían las casas de los sirvientes o las caballerizas en tiempos de los reyes de Bohemia.
Me ha parecido una ciudad para pasear con una red de metro sencilla pero eficaz. Tranvias muy viejos con otros más modernos, aunque los itinerarios de estos últimos no están muy claros. Sobre todo para los que no dominamos el checo (¡qué idioma tan complicado!) y de inglés me parece que les pasa como a los españoles, lo tienen de asignatura pendiente. Aún así no tienes ninguna dificultad en entrar en alguna de sus encantadoras cervecerías y degustar esa peculiar cerveza que les ha dado fama en todo el mundo. Un auténtico placer. Volveré en alguna primavera como me recomendó una lugareña, cuando Praga se vista de flores.