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viernes, 6 de enero de 2012

Bella Italia

Punto de partida: Bérgamo.
Ciudad situada a unos 50 km de Milán y centro de operaciones de una línea low cost que todos conocemos. Medieval, renacentistas, hermosa, sorprendente. Las piedras te hablan en cada rincón. La capilla Colleoni mandada construir bajo la dominación veneciana, toda de mármol, me llamó mucho la atención por su arquitectura. Dentro tiene las bóvedas más ricamente decoradas que yo haya visto en ninguna otra iglesia, pero al parecer eso aquí en Italia es moneda corriente. Y su plaza mayor (Piazza Vecchia) en el centro de la "Ciudad Alta" reúne unos cuantos cafés y restaurantes con mucho sabor.  Este lugar es punto de encuentro de niños, mayores, estudiantes y turistas. Cuenta con un pequeño funicular para subir desde la "Ciudad Baja" a la "Ciudad Alta" y un segundo funicular que te sube hasta la parte más elevada de la ciudad alta, el Castello San Vigilio, donde se encuentra un mirador con un par de restaurantes donde hacer un alto en el camino. Desde allí se puede contemplar toda la ciudad y la llanura prealpina en bastantes kilómetros a la redonda en un dia claro.

En cuanto a la gastronomía creo que tan sólo merecen la pena los casoncelli a la bergamasca,  plato típico de la ciudad que consiste en unos raviolis rellenos de carne, pasas y fruta. Por todas partes se puede encontrar el dulce polenta e osei, muy muy dulce y que yo particularmente no pude terminar.






Me apetecía descubrir Italia no desde la carretera sino viajando en tren y así lo hice. Nuestro atento anfitrión del alojamiento rural      (B&B Ciliego) nos indicó la mejor manera de llegar hasta Bellagio. Primero en tren hasta Lecco y Varenna y después tomar un ferry que te acerca en menos de media hora al idílico pueblecito. 


Imprescindible visitar Villa Melzi para los amantes de los jardines. Bellagio es el rincón de relax de los millonarios del mundo. Es todo perfecto y con las lanchas en la puerta de casa, se respira lujo de película. De hecho creo que es por aquí donde George Clooney tiene su mansión. En el lago de Como se pueden descubrir rincones de excepcional encanto. Contemplar el atardecer a orillas del lago con los Alpes al fondo es una experiencia fantástica.
Después de un buen paseo volvimos a Varenna donde disfrutamos de un delicioso capuccino en un bar-kiosco de prensa que parecía sacado de la II Guerra Mundial. Hay que dar un paseo recorriendo sus calles con sus casitas de colores y el sol reflejando destellos dorados en sus fachadas. Tiene mucho encanto.

Sorprendente por su monumentalidad y ambiente universitario fue Padua. Otros huéspedes belgas del B&B se ofrecieron a llevarnos en su coche hasta allí. El camino plagado de industria da una idea, en contraste con el sur, de la potencia de Italia en la zona norte. Nos decía el conductor que era originario de la zona, que allí no había paro.
La ciudad de Padua muy agradable de visitar y lugar de peregrinación para ver la tumba del santo (de repente caí en la cuenta de que allí estaba San Antonio enterrado) Nos acercamos hasta la basílica y allí en una espectacular tumba estaban los feligreses rezando igual que en Jerusalén en el muro de las lamentaciones. El fervor religioso no conoce fronteras, desde luego.

Y después de andar durante unas cuantas horas, nada mejor que comer en un precioso restaurante situado en la inmensa y espectacular plaza Pratto de la Valle. Buen servicio, comida bien cocinada y decoración muy monumental. Ambiente refinado sin estridencias.



para rematar Milán. No es una ciudad que a mi me parezca bonita pero tengo que reconocer que tiene la más increíble catedral de la cristiandad (Duomo). Su bosque de pináculos y chapiteles deja sin respiración y su puerta en la fachada principal es una recopilación de pasajes de la biblia increíblemente bella.

Si apetece seguir andando recomiendo acercarse hasta los jardines que hay en la parte posterior del Castillo Sforza. Son muy agradables aunque nos encontramos con unos inquilinos de cuatro patas un poco indeseables y que se ve que tienen allí sus viviendas habituales. En mi vida he visto tanta rata junta y andando tranquilamente entre la vegetación. No quiero ni pensar lo que habrá en el subsuelo de la ciudad.
Y es que al final por muchas cosas hermosas que la mano del hombre sepa realizar, nada como la naturaleza donde todo es equilibrio.