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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Mar Caspio y la zona norte de Irán


Masuleh

La zona norte de Irán es completamente diferente al resto del país. Montañas muy verdes y recorridas por múltiples rios. Aunque la identidad nacional no se pierde nunca si es verdad que hay platos y costumbres que varían bastante desde la zona sur a la norte. Contrastes tremendos los que se pueden encontrar en esta zona entre un pueblo de aspecto medieval como Masuleh y el más moderno de los teleféricos de manufactura austríaca, que te acerca a cimas de más de 2000 metros de altura y que cuenta con una cabina VIP para los caprichosos que quieran viajar “a todo confort”, como el de la villa de Heyran. También hay otro teleférico en Lahijan. Desde lo alto de la montaña se puede contemplar esta bonita ciudad mientras degustas alguna de las especialidades de la zona en las teterías que hay en la cima.

Teleférico de Lahijan
Masuleh en la provincia de Gilan cerca de Fuman, es uno de los pueblos más curiosos y antiguos que visité. Se han encontrado pinturas e inscripciones que datan de los tiempos preislámicos. Los techos de las casas sirven de camino para los viandantes que sorprendidos ascienden por sus intrincadas calles hasta llegar a amplias terrazas desde donde contemplar el paisaje.
Comenzamos nuestra andadura en Rasht y después de pasar por Bandar e Anzali y Astara ya en la frontera con Azerbaijan, llegamos hasta Ardabil y Sarein, ciudad termal esta última con un cierto aire a Andorra pues se alimenta del turismo de compras y balnearios igual que la ciudad pirenaica.

Bandar-e Anzali es una ciudad portuaria bañada por el Mar Caspio donde el antiguo Sha tenía su residencia de verano. Es la capital del caviar.
La laguna se puede visitar en barca hasta el mismo puerto.
La actividad en estas ciudades es tremenda. Comercios, coches y gente se mueven en un incesante ir y venir de trabajos y actividades. Los bazares siempre llenos de gente y las calles con un tráfico bastante notable.
Astara cuenta con un gran mercado de ropa donde muchos iraníes van “de compras”.

Bañarse en el Mar Caspio es posible aunque algo incómodo para las mujeres, ya que no pueden usar bañador. Yo decidí "bautizarme" vestida. Fue una experiencia curiosa, divertida e inolvidable.

Una vez más tengo que hablar de la hospitalidad y amabilidad del pueblo iraní pues en Sarein donde entré a un balneario sólo para mujeres, me convertí enseguida en el centro de “atracción turística”. Tal era su curiosidad que venciendo por unos momentos su habitual cortesía se acercaban hasta mi interesándose por mi origen, mi idioma y la razón por la que me encontraba allí, para acto seguido invitarme repetidas veces a sus casas donde continuar tan agradable charla. A los cinco minutos todo el balneario sabía que allí había una extranjera venida desde España, no sabían muy bien cómo. También tengo que decir que una vez satisfecha su curiosidad y aceptada mi negativa a sus invitaciones se retiraban prudentemente y pedían disculpas por haberme robado mi tiempo. Gente encantadora.

En esta zona norte igual que en el resto del país que he visitado no hay problema para comer a cualquier hora del día. Mi experiencia es que en las zonas de descanso de las autopistas o al pasar por los pueblos siempre hay establecimientos con barbacoas a la entrada donde poder tomar los típicos pinchos de carne (kebab) de Irán, que nada tienen que ver con los turcos que más conocemos aquí en España. Hechos al momento y realmente sabrosos. Y para finalizar un té en cualquier tienda, donde suele haber agua caliente y las tea bags para que te lo hagas tú mismo. El iraní es un pueblo acostumbrado a viajar y en cualquier rincón improvisan una mesa-picnic donde comer y descansar. Son “los reyes del pic-nic”, algo muy útil teniendo en cuenta las extensos territorios desérticos que se atraviesan en algunas zonas. Conviene ir bien provistos de agua y algún tentempié que ayude a llegar a las zonas más pobladas. Por lo demás y para terminar tengo que decir que Irán me ha parecido un país absolutamente diferente a como lo conocemos o imaginamos aquí en occidente. Que tiene muchos e interesantes lugares que visitar, que la sensación de seguridad es absoluta y que la gente es amable y educada y siempre dispuesta a ayudar. Un país sin duda para repetir.