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domingo, 22 de febrero de 2009

Strasbourg, ciudad alegre y elegante, o como dicen los franceses, "ville charmante"


Estrasburgo ciudad europea de aires alemanes y corazón francés. Capital de Alsacia, zona que históricamente ha sido moneda de cambio entre Francia y Alemania. Hoy se asoma alegre y despreocupada al majestuoso y bravo rio Rhin que sirve de frontera entre los dos países en estas tierras.

Visitar Estrasburgo es sumergirse en el pasado para despertar en el presente en el mundo de las instituciones europeas (Estrasburgo es sede del Consejo de Europa y el Tribunal de Derechos Humanos entre otras). La petite France nos remonta al siglo XVII y nos sorprende con sus estrechas calles y canales, llenas de casas donde se practicaban oficios tales como el de curtidor, pescador o molinero. Hoy dia, multitud de barcos la pasean repletos de turistas admirados ante su belleza. Cuenta con unas esclusas donde se salva el desnivel del rio Ill que la recorre. La reina de todas ellas es Le Barrage Vauban o Gran Esclusa.









Desde su terraza se puede contemplar una curiosa y agradable vista del trtazado de la villa y sus canales. En sus orillas las tiendas de cerámica y souvenirs que le dan ese encanto medieval, típico de muchas
ciudades francesas. La plaza de la catedral es uno de los rincones con más vida y movimiento turístico. La catedral se yergue majestuosa y rosada por el color de la piedra con la que se construyó. Su fachada, auténtica filigrana de figuras
y encajes le confiere un aspecto elegante y ligero. Alcanza una altura de 142 metros. En su interior esconde una autentica joya: un reloj astronómico, obra maestra del Renacimiento. En la misma plaza descubrí la Maison Kammerzel, de más de quinientos años de antigüedad. En sus bajos se abre un restaurante donde tomar algo, si el bolsillo lo permite.

Bueno, por supuesto todas estas visitas hacen que el estómago se resienta y para remediarlo no hay más que dirigirse hacia el canal por la rue Maroquine. Allí encontraremos unos cuantos buenos restaurantes donde recrearse tomando una cerveza típica alsaciana o uno de sus vinos afrutados, que acompañan perfectamente el “choucroute” y los pescados. A mi me encantaron los bretzel, unos panecillos semi salados en forma de lazo acorazonado que más tarde redescubrí en Heidelberg. Pero esa historia será otro día.


Por la tarde, nada mejor que darse un tranquilo paseo a pie o en bici por el maravilloso parque de L’Orangerie. Hasta allí se puede llegar tomando uno de los modernos tranvías que circulan por la ciudad. Un parque donde el verde llena tus ojos. Cuentan que aquí se reintrodujo a la cigüeña, al parecer con gran éxito, en un tiempo en el que amenazaba con extinguirse. Yo siendo cigüeña me hubiese instalado aquí permanentemente. Su lago y su cascada me parecieron de lo más romántico que he visto.


miércoles, 11 de febrero de 2009

Esquí en Navafría (Segovia)


Para aquellos a los que el esquí alpino se os resista, como a mi, he encontrado otra opción más factible: el esquí nórdico.
Las ventajas sobre el primero son sobre todo las botas, mucho más llevaderas, y los esquís menos pesados. Te permite acercarte a la montaña en estación invernal y recorrerla por caminos que de otro modo serían imposibles de andar. Yo hice mi estreno en Navafría en plena Sierra de Guadarrama y tengo que confesar que aunque magullada por las caídas y agotada por el recorrido fue una experiencia fantástica. Deslizarse en las cuestas a toda velocidad, sintiendo el aire frio en la cara, es una sensación magnífica. Lo recomiendo. Yo opté por una clase de cuatro horas con profesor, creo que para iniciarse es fundamental, y la verdad no resulta demasiado caro. Merece la pena.
Por si queréis más información: www.navafriaesqui.com
Como siempre y para completar el dia y compensar el esfuerzo, Pedraza queda a unos 12km y Lozoya a 10. En cualquier sitio se puede comer bien, tanto en "plan cordero" como en "plan bocata". Yo me arranqué con un increible bocadillo de lomo con pimientos de aproximadamente 15cm de ancho por 30 de largo, en el bar Fernando en Lozoya. Si me llego a apuntar al cordero creo que no me hubiera logrado levantar de la silla, pero eso ya es lo que el cuerpo de cada uno aguante. ¡ánimo!

jueves, 5 de febrero de 2009

Burgos. Historia, modernidad y buen ambiente


Tierras de frío llenas de encanto. Burgos, provincia de la que ya he hablado, continúa fascinándome por lo acogedor de sus rincones. En su capital, te puedes relajar mientras recorres su bonito paseo del Espolón, frondoso en verano y bosque petrificado en invierno ( los plátanos que lo bordean se dan la mano en el centro del paseo conformando un curioso pasillo).
Testigo mudo es la castañera de bronce, esa mujer anciana y encantadora que aparece en nuestra memoria y perfectamente reflejada en la estatuta que vigila el paseo. Al final del mismo esa otra estatua imponente por su leyenda, la del Cid. Pero entremedias podremos contemplar y admirar el Arco de Santa María, una de las doce puertas que tenía la ciudad en la Edad Media. Al poco de atravesarlas nos sorprenderá la visión de su siempre hermosa catedral. Y para recibirnos, otra broncínea figura: la del peregrino, que sentado en un banco parece reposar del cansado Camino. 



Tomando la calle Virgen de la Paloma y luego a la derecha llegamos a su espaciosa Plaza Mayor. Tuve ocasión hace un par de años de degustar los deliciosos pinchos por un módico precio en los puestecillos que allí se instalan. Pero esto sólo es en esa semana de la Feria de la Tapa allá hacia finales de junio. Mientras tanto podemos tomarlos en los establecimientos fijos que a lo largo de la calle de San Lorenzo jalonan sus muros (porque aceras no hay, la calle es peatonal, para disfrute de los que nos gusta caminar). Un estupendo lugar para hacer un alto: Casa Pancho en el nº 13-15. Buen ambiente, tapas y raciones.