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viernes, 26 de octubre de 2012

LA BELLA TIERRA DE IRÁN


Un país maltratado por la prensa internacional a causa de su régimen islámico y mal visto en general por los occidentales se me ha revelado como un mundo de contrastes donde su mayor valor es la gente que lo habita.
A pesar de las recomendaciones del ministerio de exteriores de nuestro país de que no se viaje a Irán salvo causa ineludible, tengo que decir que en pocos sitios del mundo me he sentido más segura que en la antigua Persia.
La gente, ajena en el dia a dia a los politiqueos internacionales, vive, siente y trabaja como en cualquier lugar "seguro" del planeta.
Tengo que decir que sus habitantes son gente curiosa y educada. Que nada tienen que ver con esa imagen  de los habitantes de los países islámicos del norte de África donde no puedes dar un paso sin que te pidan dinero o que les compres algo. La dignidad y el saber estar del pueblo iraní están muy lejos y muy por encima de esta otra realidad. Sienten una infinita curiosidad por los extranjeros y unas ganas enormes de practicar inglés. Pero eso si, a los cinco minutos de hacerte preguntas se disculpan por haberte robado tu tiempo y te ofrecen su hospitalidad de corazón.

Comencé mi andadura en la bella Isfahan, ciudad llena de vida y movimiento. Sin duda el sitio más emblemático para alojarse es el Hotel Abassi (www.abbasihotel.ir ), antigua caravansería que hoy en día ofrece en sus jardines un bello rincón donde tomar un té o cenar y descansar del ajetreo de la ciudad. También hay otros buenos hoteles al otro lado del rio nada más cruzar Si-o Seh Pol como el Kowsar Hotel (www.hotelkowsar.com) . Cuenta en sus jardines con un horno-panadería donde ver en directo cómo hacen los curiosos panes planos en esta tierra.

¿Qué ver en Esfahan?. 
Para los entendidos en arte hay numerosos palacios, mezquitas y alguna iglesia (como la del barrio armenio de Jolfa) que no les defraudarán. A mi me han gustado sobre todo esos rincones de la ciudad donde la vida bulle, como el bazar o la plaza de Naghsh-e Jahan.
En la plaza podemos encontrar la mezquita Lotfollah, joya arquitectónica construída por el Sha Abbas. Llaman la atención sus azulejos turquesa, azules  y amarillos.
El palacio Alí Qapu con sus 6 pisos y 48 metros de altura.

El Gran Bazar situado al norte de la Plaza Naghsh-e Jahan está formado por un laberinto de galerías cubiertas donde innumerables tiendas ofrecen al visitante desde alfombras, telas, y artesanía en oro, plata y madera, hasta frutos secos, especias y dulces.
En la plaza los dias festivos, la gente se sienta sobre el césped o sobre los escalones y charlan animadamente. Familias, grupos de amigos y turistas (en octubre no había muchos), se reúnen en este centro de encuentro de la ciudad y pasan la tarde charlando, tomando té o recorriendo las tiendas que se asoman al centro de la misma.

El paisaje humano ofreció a mi vista una población joven y muy curiosamente ataviada. Están las de la típica imagen del chador negro pero también las jóvenes profusamente maquilladas que utilizan el velo no como un elemento para esconder sino para realzar su belleza colocándoselo de manera que dejan asomar su hermoso cabello, por lo general de color negro brillante. Y ellos lucen unos curiosos peinados "a la última" con los pelos engominados o enlacados dándoles formas encrespadas y divertidas. Son muy coquetos los hombres iraníes. 

El palacio Chehel Sotun o de las cuarenta columnas (aunque sólo tiene 20 también cuentan las que se reflejan en su estanque). Lugar lleno de magia y misterio rodeado por unos bellos jardines donde pasear y sentarse, meditar y soñar.

El puente Khaju construído en 1650 bajo la dinastía safávida y que cruza el rio Zayandehrood.  Tuve la suerte de poder escuchar bellos cantos bajo sus arcadas con los que los habitantes de la ciudad de manera espontánea regalan los oídos de los que se acercan hasta este bello lugar.
También merece la pena otro de los puentes emblemáticos de la ciudad, Si o Seh Pol, con sus treinta y tres arcos y bonito color al atardecer. Lamentablemente la sequía también había hecho mella en Esfahan y no pude contemplarlo con agua. Buena excusa para volver en otra ocasión cuando las aguas vuelvan a fluir por entre sus arcos.

Podría seguir hablando sobre muchas cosas curiosas que he visto y he vivido. Pero por hoy prefiero no cansaros y dejarlo para la semana que viene donde os seguiré mostrando las maravillas de un país desconocido como Irán. Visitaremos juntos la ciudad de Shiraz y las ruinas impactantes de Persépolis, ciudad milenaria donde las piedras hablan contando bellas historias.