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domingo, 6 de diciembre de 2009

Gente

Como dice la canción "Somos una marea de gentes, todos diferentes, remando al mismo compás". En estos días festivos la gente se mueve con un objetivo común: diversión.
En pocas ciudades se verán las terrazas a 5 ó 6 grados, llenas de personas tomando chocolate con churros, o lo que se tercie, como en Madrid. La ciudad se ha llenado de luces y todo tipo de grupos humanos buscando felicidad. Unos hacen fotos, otros se compran gorritos con forma de reno, los más deambulan de un lado a otro observando a los demás. Una auténtica marea humana se desliza bajo las luces navideñas. Llega el tiempo de celebrar y formular buenos deseos. Los problemas del mundo cada vez más terribles, se aparcan en aras del disfrute. Nada nuevo bajo el sol. La humanidad es como es. En fin, ¡Felices Fiestas para todos! y si tenéis unos días no dejéis de visitar Madrid. Merece la pena sentir su calor en pleno invierno.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Norte de España; siempre verde


En días pasados hemos podido contemplar gigantescas olas en el norte de España. Un espectáculo que nadie debería perderse. La naturaleza nos muestra así apenas un atisbo de su poder y nos recuerda nuestra propia debilidad y la arrogancia de nuestros actos.
Por fin las lluvias hacen acto de presencia en mi ciudad. Aunque en el norte sufran los temporales, al menos gozan de un paisaje inigualable. Una bella competición entre el litoral azul y el interior, cubierto por un manto verde donde quiera que mires. Ocurre sobre todo en Asturias y Lugo. En Cantabria, por desgracia, la especulación y la gente sin escrúpulos han mermado terreno a la belleza. Veo construcciones a veces invadiendo las playas, otras en lo alto de acantilados y no puedo evitar llenarme de rabia. La estupidez y la ambición no tienen límites. No obstante trataremos de seguir disfrutando de lo que aún no han destrozado. Todavía quedan bellos rincones, como los de las fotos, donde dar recreo a los sentidos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Estambul. Entre Europa y Asia.



Todavía estoy asimilando los millones de estímulos que una ciudad como Estambul puede ofrecer. Olores, sabores y colores se entremezclan en el cerebro sin piedad ni descanso para sumergirte en un mundo diferente al de las ciudades occidentales. Si hay un lugar donde me he sentido segura y relajada ha sido en Estambul. El ruido es apabullante y apenas hay sitios convenientemente indicados para cruzar las calles. Sin embargo este caos organizado se te mete en el cerebro y ya no te deja pensar en otra cosa. Debajo de la apariencia hostil se esconde una gente amable y respetuosa con los visitantes, y ciertamente hay que reconocer que somos muchísimos. Las zonas turísticas se ven invadidas por miles de turistas de múltiples nacionalidades. Los vendedores turcos, hábiles donde los haya, te intentan hablar en tu idioma materno y sueltan las últimas frases de moda en tu país. Cuando yo he estado todos los tíos eran "Antonio Banderas". Resulta gracioso. No son tan pesados como en el norte de África, pero si pueden "te colocan lo que no está escrito".

Nada más llegar al aeropuerto tienes que pagar el visado (15 euros) sale más barato así y con mucha menos burocracia que si se solicita en la embajada. La mayoría de la gente tiene el traslado a la ciudad incluído en los paquetes de viaje o con el hotel, o cogen un taxi. Yo cogí el metro, que sale desde el mismo aeropuerto hasta Zeytinburnu y allí el tranvía que me dejaba delante del hotel y que va por todo el centro de la ciudad. Es moderno, rápido, barato y perfectamente seguro.
A mi me gusta palpar el ambiente diario de las ciudades y para eso nada mejor que utilizar el transporte público. El tranvía recorre la ciudad de punta a punta. Lo malo es que los 12 millones de habitantes deben pensar lo mismo que yo y lo utilizan a todas horas. Para viajar en él compré un akbil. Es lo más barato y rápido. Es una especie de botoncito con correa que puedes recargar con el dinero que quieras y que te va descontando los viajes según lo utilices. Así el viaje salía a unos 0.80 euros mientras que utilizando las moneditas llamadas "jeton" el viaje te salía por 1.40 euros. No lo tienen en todas las estaciones pero si sé que se puede encontrar en Sultanahmet nada más bajarse del tranvía y en Eminonü. Lo venden en una especie de casetas de obra de color blanco donde pone akbil.

En fin, pasearme por Sultanhamet de noche, mientras escuchaba la reñida competencia cantora entre dos muecines es algo inolvidable.
También lo son los cientos de puestos de comida, buena y barata, que hay por todas partes, sobre todo en el puerto. Nunca había visto asar pescado en ese inmenso traqueteo de las barcazas ancladas en la orilla. ¡Es espectacular! No sé cómo no se les escurren de las planchas.

He probado toda la comida que he podido y tengo que decir que las berenjenas están espectaculares y el döner kebab, esa carne enrrolladita en pan de pita se deja comer pero que muy bien. Eso si, hay que buscar uno donde la carne esté bien tostadita. Los enemigos del picante lo van a pasar un poco mal, porque allí pica hasta el aire que pasa entre los dientes. Por lo demás la comida es muy sabrosa y en muchos platos añaden yogur. Proporciona un toque muy fresco y apetitoso si hay que soportar 32ºC y un 70% de humedad.

En la plaza de Taksim, a la que puedes llegar en el funicular que se toma en Kabatas(estación donde acaba la línea de tranvia) arranca la Istiklal cadessi. Una calle llena de comercios de las marcas más actuales y conocidas. También están los vendedores de helados con su peculiar y divertida forma de servirlos, que te arrancan unas risas. Y a mitad de la calle está el Çiçek Pasaji. Un bonito callejón cubierto, lleno de restaurantes. Yo no comí aquí en ninguno pero parecían muy agradables y los precios aunque un poco caros en comparación con los puestos callejeros no lo eran tanto al cambio del euro. Más adelante nos encontramos con la Torre de Gálata. Subir hasta lo alto y desde allí contemplar la puesta de sol en el Cuerno de Oro y el Bósforo es algo inolvidable. Además es bastante descansado pués sólo se sube a pie el tramo final de la torre hasta el restaurante que hay en su cúpula, todo lo demás se hace en ascensor. Las vistas son magníficas. Los aficionados a la fotografía podrán tomar desde allí una bonita panorámica. Al pie de la torre y siguiendo calle abajo hacia el puerto hay un café en forma de hemiciclo que te transporta a otros tiempos. Sus gradas llenas de alfombras y cojines invitan a la charla, a degustar un té o fumarse con tranquilidad un "narguile" o pipa de agua.

Todo el mundo habla del Palacio Topkapi (Topkapi Sarayi) como una maravilla. A mi no es de lo que más me impresionó, pero claro eso va en gustos. Los tesoros palaciegos me dejan un poco indiferente, la verdad. En éste hay muchos objetos con esmeraldas y rubíes incrustrados, pero a mi me gusta más la arquitectura. Un palacio espectacular es el de Dolmabahçe sobre todo porque está a orillas del Bósforo. No se lo montaban mal lo sultanes pero tampoco Kemal Atatürk que lo ocupó después.

El café de Pierre Loti es uno de los sitios más románticos que he visitado. Hay una magnífica vista del Cuerno de Oro y tomarse un té al atardecer, bajo los árboles, en una de sus mesitas, es más que recomendable para enamorados... y para amantes de la vida. Yo fuí hasta allí en un barquito que va parando en las dos orillas y después el teleférico que pasa por encima del cementerio. Es realmente curioso, y es uno de los cementerios más arbolados y distintos que había visto nunca.

La Mezquita Azul(Sultanahmet Camii), muy bonita pero poco tranquila por los montones de turistas que la ocupan. Cualquier otra mezquita ofrece un ambiente de recogimiento y quietud mucho más impresionantes. Por ejemplo la de Eminonü, Yeni Camii. Está junto al puente Gálata y también es muy grande y con una rica decoración de azulejos.

No podemos olvidarnos de Santa Sofía (AyaSofia Camii). Impresionante por sus dimensiones. Me llamaron la atención los restos de mosaicos dorados de la época de esplendor de Constantinopla. Así se llamaba la ciudad en tiempos del Imperio Bizantino cuando era referencia para la cristiandad.

Y por supuesto las compras. Todo Estambul es un gran mercado. El Gran Bazar es muy curioso pues se trata de un entramado increíble de calles llenas de tiendas y a resguardo del sol o las inclemencias del tiempo, pues están todas cubiertas por techos abovedados.

A mí me gustó más, no obstante, el Mercado egipcio o de las especias, justo enfrente del Puente de Gálata y al lado de la mezquita de Eminonü. El aroma es indescriptible, así como su colorido y sonido. Además de especias, en las calles adyacentes se puede encontrar de todo: pájaros, peces, gallinas, plantas, ferreterias, telas, ropa, etc... Es muy animado. Si se puede, mejor visitarlo entre semana, los fines de semana como pasa en todas partes se pone hasta arriba de gente.

Bueno, y por último yo recomendaría hacer un crucerito por el Bósforo. Hay infinidad de ofertas. Yo opté por algo más oficial y barato. Me costó al cambio 10 euros y creo que para hacerse una idea está bastante bien. Es una línea regular del ayuntamiento que sale a las 10, las 12 y las 13.30 todos los dias del año. Parte desde Eminonü desde el muelle número 6 o "Bogaz Iskelesi".Es más fácil encontrarlo por el nombre, está junto al puente de Gálata. Durante el crucero te ofrecen todo tipo de avituallamiento: zumo de naranja (portakal suyu), yogur salado (ayran), bollería, etc... Se pueden contemplar las mansiones en el lado asiático con sus escaleritas desde el jardín para bajar al barco. También infinidad de bonitas terrazas donde tomarse algo antes de embarcar de vuelta.

Creo que es una ciudad para visitar en más de una ocasión y sin prisas. Merece la pena.

domingo, 29 de marzo de 2009

Toledo, la ciudad de los 1000 rincones.




Romanos, visigodos, árabes y cristianos conformaron sus calles y su historia. Pasearse por ella es sentir los millones de voces de otros tiempos que nos cuentan las leyendas y misterios que allí ocurrieron. Hablo de la Toletum de los romanos, nuestra Toledo.
Punto de referencia de escritores, escultores, arquitectos e infinidad de otros artistas que vieron en ella fuente inagotable de inspiración. En Toledo uno encuentra una enorme variedad de monumentos. Su catedral domina el promontorio sobre el que se asienta, junto con el Alcázar, monumento de triste recuerdo para los españoles.
Pero a mi lo que más me gusta es el intrincado trazado de sus calles empinadas, que hacia una lado o hacia el otro te conducen hasta el Tajo, que la rodea como un amante celoso, casi por todas partes.
Ahora se acerca la Semana Santa y como en muchas ciudades españolas comienza el espectáculo. Para los creyentes momento sublime del año. Para los no creyentes una curiosa e increíble manifestación del fervor religioso de otros.
A mi me gustan más otro tipo de manifestaciones artísticas. Como la que tiene lugar estos dias (en concreto hasta el 18 de abril) en la Biblioteca de Castilla la Mancha del Alcázar. Se trata de una exposición de escenas literarias en miniatura, que con mucho mimo y paciencia han creado un conjunto de artistas de todas partes de España. Entre ellos mi compañera Susana cuyo blog podéis visitar a través del enlace que hay más abajo. Merece la pena ir con tiempo para poder recrearse en cada uno de los cientos de pequeños detalles de las escenas. Los más jóvenes (8 a 15 años) pueden pasar un rato muy entretenido e instructivo. Y los más mayores (15- 90 y…) disfrutarán de lo lindo. He visitado Toledo en muchas ocasiones pero en esta última la he encontrado más cuidada. Me ha encantado la subida por las escaleras mecánicas que te he evita una cansada ascensión, que habitualmente siempre había hecho andando y bajo un sol de 40 grados. Esta vez la comodidad y la modernidad conviven en la bella Toledo facilitando a sus visitantes el acceso. También han proliferado lugares donde comer bien y barato. Cosa casi imposible hace unos años. Estuve tomando un menú por 12 euros, bien cocinado y con una buena atención en Adolfo colección, en pleno centro. Está en la calle Nuncio Viejo 1. Es un pequeño rincón donde degustar alguna de las exquisiteces del reputado cocinero. En fin, a tan sólo 70 km de Madrid, declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986,Toledo siempre merece una visita.

domingo, 22 de febrero de 2009

Strasbourg, ciudad alegre y elegante, o como dicen los franceses, "ville charmante"


Estrasburgo ciudad europea de aires alemanes y corazón francés. Capital de Alsacia, zona que históricamente ha sido moneda de cambio entre Francia y Alemania. Hoy se asoma alegre y despreocupada al majestuoso y bravo rio Rhin que sirve de frontera entre los dos países en estas tierras.

Visitar Estrasburgo es sumergirse en el pasado para despertar en el presente en el mundo de las instituciones europeas (Estrasburgo es sede del Consejo de Europa y el Tribunal de Derechos Humanos entre otras). La petite France nos remonta al siglo XVII y nos sorprende con sus estrechas calles y canales, llenas de casas donde se practicaban oficios tales como el de curtidor, pescador o molinero. Hoy dia, multitud de barcos la pasean repletos de turistas admirados ante su belleza. Cuenta con unas esclusas donde se salva el desnivel del rio Ill que la recorre. La reina de todas ellas es Le Barrage Vauban o Gran Esclusa.









Desde su terraza se puede contemplar una curiosa y agradable vista del trtazado de la villa y sus canales. En sus orillas las tiendas de cerámica y souvenirs que le dan ese encanto medieval, típico de muchas
ciudades francesas. La plaza de la catedral es uno de los rincones con más vida y movimiento turístico. La catedral se yergue majestuosa y rosada por el color de la piedra con la que se construyó. Su fachada, auténtica filigrana de figuras
y encajes le confiere un aspecto elegante y ligero. Alcanza una altura de 142 metros. En su interior esconde una autentica joya: un reloj astronómico, obra maestra del Renacimiento. En la misma plaza descubrí la Maison Kammerzel, de más de quinientos años de antigüedad. En sus bajos se abre un restaurante donde tomar algo, si el bolsillo lo permite.

Bueno, por supuesto todas estas visitas hacen que el estómago se resienta y para remediarlo no hay más que dirigirse hacia el canal por la rue Maroquine. Allí encontraremos unos cuantos buenos restaurantes donde recrearse tomando una cerveza típica alsaciana o uno de sus vinos afrutados, que acompañan perfectamente el “choucroute” y los pescados. A mi me encantaron los bretzel, unos panecillos semi salados en forma de lazo acorazonado que más tarde redescubrí en Heidelberg. Pero esa historia será otro día.


Por la tarde, nada mejor que darse un tranquilo paseo a pie o en bici por el maravilloso parque de L’Orangerie. Hasta allí se puede llegar tomando uno de los modernos tranvías que circulan por la ciudad. Un parque donde el verde llena tus ojos. Cuentan que aquí se reintrodujo a la cigüeña, al parecer con gran éxito, en un tiempo en el que amenazaba con extinguirse. Yo siendo cigüeña me hubiese instalado aquí permanentemente. Su lago y su cascada me parecieron de lo más romántico que he visto.


miércoles, 11 de febrero de 2009

Esquí en Navafría (Segovia)


Para aquellos a los que el esquí alpino se os resista, como a mi, he encontrado otra opción más factible: el esquí nórdico.
Las ventajas sobre el primero son sobre todo las botas, mucho más llevaderas, y los esquís menos pesados. Te permite acercarte a la montaña en estación invernal y recorrerla por caminos que de otro modo serían imposibles de andar. Yo hice mi estreno en Navafría en plena Sierra de Guadarrama y tengo que confesar que aunque magullada por las caídas y agotada por el recorrido fue una experiencia fantástica. Deslizarse en las cuestas a toda velocidad, sintiendo el aire frio en la cara, es una sensación magnífica. Lo recomiendo. Yo opté por una clase de cuatro horas con profesor, creo que para iniciarse es fundamental, y la verdad no resulta demasiado caro. Merece la pena.
Por si queréis más información: www.navafriaesqui.com
Como siempre y para completar el dia y compensar el esfuerzo, Pedraza queda a unos 12km y Lozoya a 10. En cualquier sitio se puede comer bien, tanto en "plan cordero" como en "plan bocata". Yo me arranqué con un increible bocadillo de lomo con pimientos de aproximadamente 15cm de ancho por 30 de largo, en el bar Fernando en Lozoya. Si me llego a apuntar al cordero creo que no me hubiera logrado levantar de la silla, pero eso ya es lo que el cuerpo de cada uno aguante. ¡ánimo!

jueves, 5 de febrero de 2009

Burgos. Historia, modernidad y buen ambiente


Tierras de frío llenas de encanto. Burgos, provincia de la que ya he hablado, continúa fascinándome por lo acogedor de sus rincones. En su capital, te puedes relajar mientras recorres su bonito paseo del Espolón, frondoso en verano y bosque petrificado en invierno ( los plátanos que lo bordean se dan la mano en el centro del paseo conformando un curioso pasillo).
Testigo mudo es la castañera de bronce, esa mujer anciana y encantadora que aparece en nuestra memoria y perfectamente reflejada en la estatuta que vigila el paseo. Al final del mismo esa otra estatua imponente por su leyenda, la del Cid. Pero entremedias podremos contemplar y admirar el Arco de Santa María, una de las doce puertas que tenía la ciudad en la Edad Media. Al poco de atravesarlas nos sorprenderá la visión de su siempre hermosa catedral. Y para recibirnos, otra broncínea figura: la del peregrino, que sentado en un banco parece reposar del cansado Camino. 



Tomando la calle Virgen de la Paloma y luego a la derecha llegamos a su espaciosa Plaza Mayor. Tuve ocasión hace un par de años de degustar los deliciosos pinchos por un módico precio en los puestecillos que allí se instalan. Pero esto sólo es en esa semana de la Feria de la Tapa allá hacia finales de junio. Mientras tanto podemos tomarlos en los establecimientos fijos que a lo largo de la calle de San Lorenzo jalonan sus muros (porque aceras no hay, la calle es peatonal, para disfrute de los que nos gusta caminar). Un estupendo lugar para hacer un alto: Casa Pancho en el nº 13-15. Buen ambiente, tapas y raciones.

jueves, 8 de enero de 2009

Cantabria infinita


Así reza la publicidad institucional de la región. Pero hay que reconocer que es cierta, pues infinitas son las posibilidades de entretenimiento. Un lugar donde, cuando no llueve, se entremezclan los azules y verdes del cielo, la tierra y el mar.
Mucho más cercana ahora al resto de España gracias a las "anchoitas y los sobaos" que "Revilluca" como le llaman allí, regala al presidente Zapatero.
Pero además de estas delicias típicas hay otras muchas: las rabas sin ir más lejos (calamares). Difíciles ya de encontrar las auténticas que le dieron nombre al plato, es decir las patitas del peludín, pero no por eso menos ricas, están las que se pueden comer en el afamado "Rey de las rabas" Gelín en la calle Vargas de Santander. Cerca del Río de la Pila en la misma ciudad nos encontramos con el bar restaurante Expreso en la calle Santa Lucía, que también tiene unas deliciosas rabas, un buen paté de cabracho y mollejitas empanadas.
Otro capricho culinario a la hora del tapeo son las gambas a la gabardina. Para mi las mejores de la ciudad son las del bar Sena en la calle 3 de noviembre. Imprescindible acompañarlas con su inigualable vermut al que aderezan con unas gotas de secreto líquido. En un par de consumiciones se te olvidan todas las penas. Ellos además ostentan el primer premio en el IV Concurso de rabas de Santander.